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Poemas del agua

Mientras podamos escuchar el murmullo de los ríos, jamás sentiremos desesperación.

Henry David Thoreau

Aquí les compartimos una pequeña selección de poemas que nos hablan del agua, los ríos, los lagos y los océanos. Todos esos cuerpos de agua con los que compartimos el agua de la Tierra.

Recomendaciones de Amalia Fernández.

El agua

Mario Benedetti

La del grifo, la mineral, la tónica
La del río, la dulce, la salada
La del arroyo, la del mar, la regia
La de las cataratas, la del pozo
La de la lluvia, la del aguanieve
La de las fuentes o la del rocío
La del océano, la del aljibe
La del dilvuio o de la cascada.

Toda el agua del mundo es una abuela
Que nos cuenta naufragios y fragatas
Que nos moha la sed y da permiso
Para seguir viviendo otro semestre.

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda

Fernando Pessoa

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego…

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece…

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente…

Agua salvaje

Tristan Tzara (traducción de Aldo Pellegrini)

Los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo

el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño

el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos

todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora

su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

¡Agua!

Alfonsina Storni

¡Agua, agua, agua!
Eso voy gritando por calles y plazas.
¡Agua, agua, agua!

No quiero beberla,
No quiero tomarla,
No es la boca mía la que pide agua.
El alma se seca, se seca,
Se rasga.

Por eso me lanzo por calles y plazas
Pidiendo a destajo:
¡Agua, agua, agua!

Abridme las venas,
Vertedles la clara corriente de un río.
¡Agua, agua, agua!

Poema de Ogmios Gutierrez

Somos los guardianes del agua
Los protectores del mar
Somos los guardianes del océano
Y los guardianes de la tierra

Nosotros somos los que debemos mantener
El agua limpia y pura
Para todas las criaturas del mar
Y toda la gente del mundo

Debemos estar atentos
Y nunca des por sentado el agua
Porque es el alma de nuestro planeta
Y la fuente de toda vida.

Así que trabajemos todos juntos
Para mantener el agua limpia y segura
Para todas las criaturas de la tierra
Y para todas las personas del mundo.

Discurso del oso

Julio Cortazar

Soy el oso de los caños de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por los caños.

Creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos, incesantemente corro por los tubos y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños. A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal. De noche ando callado y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenea para ver si la luna baila arriba, y me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano. Y en verano nado de noche en la cisterna picoteada de estrellas, me lavo la cara primero con una mano después con la otra después con las dos juntas, y eso me produce una grandísima alegría.

Entonces resbalo por todos los caños de la casa, gruñendo contento, y los matrimonios se agitan en sus camas y deploran la instalación de las tuberías. Algunos encienden la luz y escriben un papelito para acordarse de protestar cundo vean al portero. Yo busco la canilla que siempre queda abierta en algún piso, por allí saco la nariz y miro la oscuridad de las habitaciones donde viven esos seres que no pueden andar por los caños, y les tengo algo de lástima al verlos tan torpes y grandes, al oír cómo roncan y sueñan en voz alta, y están tan solos. Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.
 

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